Quiero hablarte de Haití, Laura, En algún momento, cuando regresemos del colegio por las calles nevadas de este Madrid invernal, quiero que mires estas fotos de niños de ojos grandes y bellísimos que se han quedado sin padres, sin casa, sin país.
No para que te aflijas, no porque el terremoto les haya asolado hoy, porque esto viene de tiempo, Laura, aún sin terremotos, estos niños no tienen nada de lo que tú y tantas niñas de nuestro mundo tienen. Muchos de ellos eran niños esclavos. Condenados a no tener escuela, a trabajar para poder malcomer.
Quiero que hablemos de lo que tú y yo podemos hacer por estos niños haitianos del futuro, por los niños de otras partes del mundo, de tantos lugares en los que la injusticia, la desigualdad o la cólera incompasible de la Naturaleza produce estos escarnios.
¿Qué se te ocurre? Pienso que podríamos trabajar por ellos. Para eso es importante que estudies, que tengas herramientas ¿Qué se te ocurre Laura, que dependa de nosotros, de nuestro esfuerzo?
Yo sólo te pregunto, para que los dos hablemos, para que no dejemos que la comodidad y la fortuna involuntaria de haber nacido donde hemos nacido nos disculpe de no hacer nada. Haití, Laura, está en muchas partes, también a nuestro alrededor, en todos los que sufren.
En las lágrimas de los niños que lloran de auténtica tristeza y soledad. ¿Ves? No hay tiempo para aburrirse. Tenemos mucho que hacer, por el momento podríamos contarles cuentos, hacerles reir, compartir con ellos el pan de esta merienda.
Estamos en un jardín grande como un mundo pequeño, así de grande. Un jardinero con turbante corta el cesped. Al fondo en la parte derecha unos magnolios con sus flores blancas mirando al suelo en actitud humilde.
El jardinero parece triste, se detiene sobre su cayado, pensativo.
Por el ventanal de la pieza una niña de ojos grandes está mirando, por esos ojos pasan imágenes que el jardinero no ve, plateros grises, amigas que no están. La niña mira el infinito cercano, ese que está donde la mirada pierde su agudeza y aún el corazón no abre su celosía.
Tiene cara de aburrida aunque se oyen trinos de pájaros por la derecha, es decir encima de los magnolios. Y se oyen también pasos de niños pobres por la izquierda. El jardinero se acerca a la ventana. Mira a la niña, ella se hace la distraída. Distraída y aburrida. ¡Vaya lata!
La escenita del teatrito
Jardinero: Señorita Laura, llegan volando bandadas de golondrinas ¿Qué les digo? ¿Qué va a salir a volar con ellas o que se va a quedar sin hacer nada mirando las musarañas azules?
(hace una pausa)
Las golondrinas tienen preguntas sobre lo que está escrito en los carteles que han puesto en las avenidas para esconder las tardes ¿Qué les digo? ¿Que les enseñará a leerlos o que no le interesa la lectura?
(hace una pausa)
Señorita Laura a la puerta han llegado niños pidiendo pan con uvas, pan con lo que sea ¿Qué les digo? ¿Que está estudiando para ayudarles cuando sea mayor o que no le interesa nada lo que les pase? ¿Qué les digo?
¿La dejo que lo piense o su noble corazón, niña mía, ya tiene la respuesta?
(baja la mirada) ¿Me responde?
Escenario sin palabras
La niña Laura baja del infinito cercano y se percata de la dulzura de las palabras del jardinero, guarda silencio mientras lo mira con brillos y abre su libro de lectura para empezar sus tareas.
Mi querida Laura, esto no es un cuento sino una carta. Una carta que te escribe tu abuelo desde muy lejos y sin embargo increiblemente cerca de ti. Una carta que me gustaría que leyeras más de una vez, porque sale de lo más profundo de mi corazón.
En estos días de Noviembre que estuvimos juntos tu preguntaste "¿Sabes lo que es un cero a la izquierda?". Claro que sí, te dije, algo que no tiene valor. "Sí, sí, eso, algo que no vale nada, que no importa" dijiste tú con mucha seguridad. Y así quedó la cosa.
En otro momento que estábamos tu madre y yo contigo, trataste de interrumpir nuestra conversación y como te hacíamos esperar nos dijiste "Yo soy como un cero a la izquierda, no valgo nada, no importo nada, no se me hace caso". Algo te dijimos para que entraras en razón, pero esa frase se me clavó dentro, por eso te escribo esta carta.
No eres un cero a la izquierda porque tú, Laura Vera, vales mucho para nosotros. Tú eres un tesoro en la vida de tu madre y de tu abuela y de tu tío Juan Juan y en la mía, querida Laura y te quieren tus primos y tus tíos y tus amigos y la gente que me quiere a mi te quiere.
No eres un cero a la izquierda porque no hay un sólo día desde que naciste que nosotros no sepamos al despertar que existes y que eres un ser bello, dulce, diferente y nuestro. Nada hay que mas emocione a este hombre que es tu abuelo que pensar en ti y recordarte apoyada en mi hombro, descansando entre mis brazos. Y ¿sabes? Yo soy importante. No hace falta que nadie me lo diga. Yo lo siento. Y si alguien importante, como yo, no encuentra nada mas importante que TÚ, es porque eres aún más importante, porque eres muchos ceros a la derecha.
Claro que también sé que cuando dices "soy un cero a la izquierda" es una forma tuya de llamar la atención, pero corres el peligro de creerlo y eso sería terrible porque significaría que no te estarías queriendo a ti misma como eres, no te preocuparías de ser mejor, de respetar el tesoro divino que hay en ti, de cuidar al ser sagrado que hay en tu interior. No debes jugar con eso. Tú eres un ser luminoso. Tienes que atreverte a aceptarlo, atreverte a serlo.
Te contaré un secreto, si me quedara sólo el tiempo de vida para vivir un deseo ¿Sabes cual pediría? Tener el tiempo de sentarme en la cabecera de tu cama y contarte un cuento, en el te convertiría en la depositaria de una Misión secreta, la de ser magnífica y amar y amar, amar sobre todo. Ese, Laura, es el secreto de la vida. Pediría contarte un cuento para vivir el momento mas pleno que puedo imaginar, ese instante en que te has dormido con tu mano en mi brazo y cierras los ojos y tu rostro se llena de una belleza de nácar y en tus sueños todo es armónico y no dudas que no eres un cero a la izquierda, sino al revés, el regalo que hemos recibido para llenar nuestra vida.
Quiero pedirte, Laura, que te tomes en serio que tú vales, importas, existes, nos llenas, has venido a hacer algo importante en este mundo, que te necesito para seguir escribiendo cuentos, para seguir siendo un niño que juega contigo y que confío mucho en ti.
Es muy de noche y estarás dormida, pasarán por tu frente las estrellas de Madrid, te subirás a una para que nos encontremos en algún lugar del universo, allí estaremos por encima de las palabras sin sentido, en la galaxia donde no hay ceros a la izquierda, donde nace la lluvia que hace crecer los lagos y alimentar las siembras, donde podemos mirarnos fijamente a los ojos y brillar.
Este tipo de preguntas eran frecuentes en la cabeza literaria de “Sebas”. Sin embargo su amigo Brandon se preguntaba ¿Cuántas patas tiene un saltamontes? ¿A qué distancia puede llegar a saltar si el viento está a favor y sopla a 23 Km. hora?
Lo curioso es que ambos, Sebas y Brandon eran entrañables amigos del colegio, aún siendo tan diferentes. Sebas era el mejor alumno de la clase de Lenguaje, en cambio Brandon no era capaz de distinguir un adjetivo de un adverbio, pero no había problema de Matemáticas o Física que se le resistiese. “Está chupao” solía decir.
Esa tarde Laurita Buonacuore iba a salir con ellos para ir a lareunión del Círculo de Niños Emprendedores. Sebas la invitó, le dijo que un profesor nuevo quería que descubriera la actitud protagonista que anidaba en su anterior.
-¿Qué quiere decir “anidar”? –preguntó Brandon
-Yo tampoco lo sé –se adelantó Laura
-Algo así como alojarse, vivir en un lugar. Viene de nido, de la casa de los pájaros
-¿Y la actitud protagonista es como un pájaro? –Preguntó Laura con cara de “vaya tontería, que tipo tan raro ese profesor”
-Para mi que sí, que tiene que ver con voladas y sueños y esas cosas –sugirió Brandon
-¡No, noo!. Ya estás con tus ideas. La actitud protagonista tiene que ver, según nos explicó el profe, con la disposición de hacer, de tomar la decisión de hacer las cosas, no dejar que otros las hagan por nosotros, ser responsables, solidarios, capaces…
-¡Uy cuantas cosas! –dijo Laura con preocupación
-Pero…¿Alguien protagonista es, por ejemplo mas alto que los demás? ¿Duerme más? ¿Tiene que ser bueno en Mates o en Ciencias Sociales? ¿Desde qué años se puede empezar a ser protagonista?
-¡¡¡Para, para, Brandon!!!. Yo estoy como vosotros. Esta es mi primera reunión. A mi me suena bien. Sí, yo creo que es bueno ser protagonista –se defendió Sebas
-Y protagonista se puede ser desde muy niña –agregó Laura – a mí mi madre me dijo que desde que yo nací me convertí en la protagonista de su vida.
-En realidad hablais muy raro –dijo Brandon – ¿Y se puede saber que vamos a hacer en ese Círculo o como se llame?
-Va a ser un taller, y para que no me preguntes lo que es un taller es un tipo de clase en la que el profe nos plantea una idea y sobre ella nosotros debemos trabajar. No es él quien nos dice las cosas, nosotros las descubrimos o las proponemos –contestó Sebas.
-¡Guay! Me gusta, esa es una forma de ser protagonistas desde la clase ¿Verdad? A mi me gusta hacer cosas más que escucharlas. Me suena bien...-intervino Laura.
Iban caminando por la calle Cárdenas hacia Sotillo de los Caballeros y en una esquina vieron a un ladronzuelo intentando meter la mano en la gorra de un ciego que tocaba el acordeón para quitarle sus pocas monedas recaudadas.
-Eeehhh, mirad que cara. Le está robando -advirtió Laurita Buonacuore
Los tres salieron corriendo hacia la esquina gritando al unísono ¡¡¡Un ladrón!!! ¡Le está robando! Y el raterillo salió de estampida ante el temor que lo descubrieran. Eso sí, mirándoles con mucho odio.
El ciego les dio las gracias. No había logrado llevarse nada. Les preguntó sus nombres.
Sebas, Brandon, Laura
y les regaló una melodía de su acordeón
-¿Me permitís que os obsequie con mi música? Es lo único que tengo, pero es mi mejor regalo.
-Claro, a mi me gusta mucho la música –dijo Laura con una sonrisa que mostraba que esa forma galante y culta del ciego le gustaba. No sabía por qué pero le gustaba.
-¿Alguna canción preferida? –preguntó el ciego.
-La que usted quiera
-Entonces como esta semana es Santa Laura tocaré para vuestra amiguita esta canción dedicada a Laura de un cantante catalán que se llama LLuis LLach ¿Lo conocéis?
-No –dijeron los chicos
-Si – respondio Laura –a mi madre y a mi abuelo les gusta mucho.
El ciego interpretó Laura y Laurita sintió en su pecho un orgullo, algo así como un pájaro despertando dentro. Raro, pero lo sentía.
Llegaron al encuentro cuando ya el taller ya estaba empezado. Pidieron disculpas al profesor que era un tipo simpático que hablaba como si fuera un actor contento.
-En esta ocasión el retraso está justificado ¿Sabeis por qué? –preguntó el profesor.
-Supongo que porque hemos contribuido a rebajar el indice de delincuencia –dijo Brandon
-No, porque habéis hecho una clase práctica de protagonismo. Eso es ser protagonista tomar partido en el mundo en que vivís, contribuir a que las cosas sean mejor. Propongo chicos -les dijo al resto de la clase - que trabajemos hoy sobre la experiencia de Laura, Brandon y Sebas, ellos serán nuestros protagonistas del día. Reuniros en grupos y pensad en que cosas podríamos hacer en un día cualquiera que hicieran que esta ciudad en la que vivimos fuera un lugar de buena convivencia.
Los tres amigos se miraron y se hicieron un guiño.
Laura Cuicocha vivía en un pequeño pueblo de Ecuador rodeada de árboles, volcanes y arroyos, del olor de laureles y yerbas de la fronda. Por las tardes los niños jugaban cerca del lago que tenía una isla en medio de sus aguas.
Sus padres no los dejaban nadar porque el lago estaba encantado y en las orillas de la isla interior sus aguas eran calientes y aparecían en su superficie las burbujas de un volcán adormecido.
El lago también se llamaba Cuicocha como su apellido y el de muchas otras de las familias que vivían allí desde siglos. El nombre provenía de la palabra cuye, porque decían que la isla estaba llena de cuyes que hacían sus madrigueras hasta taladrar el suelo completo y llegar hasta el cráter del volcán sumergido.
Por si no lo sabes, los cuyes son pequeños mamíferos roedores, también se les llama cuis, cobayos, cobayas, conejillos de indias, algunos dicen que son parientes de los conejos, otros de los ratones, son rápidos, sociables, viven en manadas, guiñan los ojos a las niñas bonitas como tú, saben oler el peligro, les gusta jugar ¿Qué más puedo decirte?
Quiero volver a Laura Cuicocha que no tiene que ver nada con los cuyes. El día del que quiero hablarte ella había soñado que un cóndor peleaba con un toro, El cóndor de aire, el toro de tierra. En su sueño el toro era enemigo de los pueblos del lago y en las noches llegaba con sus cuernos de luna a matar al ganado. El cóndor vivia en las cumbres y era adorado por los antepasados de Laura y en su sueño bajó en un vuelo majestuoso y aunque el toro le hirió los arpones de sus patas, el cóndor lo levantó sobre el suelo y lo dejó caer en el lago para que se hundiera hasta el volcán.
Ese sueño la tenía inquieta ¿Por qué soñaré esto? Se preguntaba. Estaba llegando la tarde y Laura estaba sentada a la orilla de la laguna, mirando su rostro indio en el espejo del agua. Escuchaba el sonido de una flauta y soñaba que era mayor y tenía grandes cosas que hacer.
El cielo de algodón tenía la forma de una colonia de colibríes detenidos en su vuelo increíble. Escucho que las nubes piaban y el tiempo regresó, quiero decir que dió un salto y Laura se vio a sí misma naciendo, como si fuera madre e hija a la vez y entonces un pensamiento en forma de pregunta se apoderó de ella ¿Qué quieres que sea tu hija? ¿Qué quieres ser? ¿Qué quieres de ella? ¿Qué quieres ser? y le pareció que bajaba el cóndor y la traía de nuevo a esta edad de hoy, acariciada por sus plumas fuertes y largas.
Respiró hondo ¡Qué cosas tan raras me pasan! y se tomó sus trenzas de colores, pero la pregunta estaba ahí ¿Qué ser magnífico quiero ser en mi vida? ¿Qué haré por mi tribu, por este lago, por el mundo, los colibríes, los niños, los mayores, los cuyes y los toros de media luna?
Y tuvo conciencia de ser especial y eso no era incompatible con su caja de colores, sus muñecas, sus aretes de piedras brillantes. También podía ser especial siendo niña y eso la hizo sonreir y darse cuenta de que su elección era ser feliz y hacer cosas importantes, empezando por aprender en su escuela.
Todo eso ocurría allí a la orilla del Cuicocha, frente a las burbujas del volcán sumergido, bajo la sombra de un cóndor lejano, mientras su abuela miraba desde la ventana de la cabaña y su madre regresaba de los campos de maíz.
¡Hola Laura, hola cariño mío! Hace dos semanas escribíamos nosotros esta Entrevista a la Sirena, que antecede a este post. Tú a mi lado, antes de que te vistieras tan bella para nuestra cena musical en el Cortijo Sotillos. ¿Recuerdas?
Te escribo para decirte que te echo de menos, que me falta discutir contigo, jugar contigo, abrazar contigo, que tengo muchas fotos tuyas, entre ellas las últimas, ésta de la última tarde en la que tu mirabas la TV mientras yo cerraba mis bolsos y hacía la maleta.
Ya estoy en Santiago que está gris y lluvioso, que tiene ese acento cadencioso que alarga las vocales. Ya estoy lejos en el espacio de los kilómetros, pero sigo cerca en el espacio de los amorómetros, que es la medida del amor contada en latidos.
Tengo pendiente escribirte un cuento que inicié en Quito de una Laurita ecuatoriana, pero hoy prefiero escribirte una carta, mandarte fotos. Recordarte momentos como estos:
¿Recuerdas el día en que llegué y me ofreciste tu cuarto para dormir? Probablemente sí, pero no tienes idea del resplandor de tu sonrisa. Mírala bien
¿Recuerdas el día en el Cortijo de los primos de Almería y tus saltos en la cama elástica compitiendo con Adrián y Raúl? Se que te acuerdas y que tus piernas se hacen mas largas aún para dar el salto mas alto.
¿Te acuerdas cuando comimos en la Isleta del Moro y tú decías que tenías hambre, que te aburrías y yo te hice reir? Yo sí, yo recuerdo ese momento lleno de ternura. Una vez más sentada sobre mis piernas, dejando el peso de tus emociones sobre mi pecho abierto.
¿Te acuerdas cuando tu amiga Andrea, que tiene 3 días más que tú, se medía contigo sin comprender cómo puedes ser tan alta si ella es la segunda de su clase? Yo me río viéndoos a las dos tan ruidosas, tan cantarinas, tan bellas.
¿Recuerdas aquella luz total de la Playa de los Genoveses? Seguramente sí, pero no puedes saber cómo era el tono dorado de tu piel y la dulzura de tu cara al cerrar los ojos. Mírate.
¿Recuerdas cuando almorzamos con Andrea en la Freiduría de San José y os comisteis aquel plato grande de chuletas, en ese ataque de chuetitis que tuviste este viaje? Pero antes de que llegara la comida hicísteis las payasitas y yo os hice muchas fotos. Mira esta.
¿Recuerda mi monstruita de los helados el cucurucho de chocolate de la Gelatería de la plaza del pueblo? Pero no te viste las boceritas que rodearon tus labios, el bigotillo de chocolate que te quedó.
¿Recuerdas que jugamos al ping-pong y que descubrías escarabajos cada vez que la pelota se perdía en los rincones de la sala? Seguro que sí, pero no te viste con el estilo que empezaste a tomar la raqueta para ser tu primer día, los reveses que ensayaste, la técnica que intuí se revelará algún día. Te lo digo yo que fui un buen jugador hace años.
No te acuerdas, seguro, cuando te descubrí haciendo caritas al espejo, dispuesta a peinarte para emprender nuestro viaje a Jumilla y tampoco, imagino, lo bien que te portaste en el viaje y mi alegría de ser tu chofer por las rutas del Mediterráneo.
¿Recuerdas el almuerzo en Jumilla con la familia de la abuela, tú presidiste la mesa y volviste a pedir chuletas? Claro que te acuerdas, pero no viste que la luz detrás de ti te hacía resplandecer y que se te puso la piel transparente.
¿Te acuerdas del día del cumpleaños de Raúl en el Parque de atracciones de Madrid y tus ganas de montar en la barca que se despeñaba por la cascada de agua? ¡Claro que sí! pero no sabes cómo yo te veía desde lejos montada en la última fila de esa barca.
Y no viste la ola de agua que os cubría, pero sentiste la emoción y gritaste y reíste y quisiste repetir el viaje y lo repetísteis de nuevo.
¿Te acuerdas cuando fuimos al cine 4D y nos dieron las gafas azules para ver como los peces llegaba a nuestros asientos y la boa nos amenazaba con su lengua bífida? Desde luego que te acuerdas, aunque no sepas lo bonita que estabas o que te sentaste al lado de Martina.
¿Recuerdas cuando salimos del parque y todos los primos os hicisteis la foto con este Rey león risueño? A lo mejor lo que no recuerdas es que empezaste a gamberrear y a hacerte la artista.
Sí, tengo muchas fotos más, muchas, muchas, yo las guardaré como guardo tus cosas, esperando el día en que me las pidas. Ahora, Laura mía, soy yo el que te pido un beso para que no sea tan frío este día del invierno.
"Estamos en el Sureste de España, en una localidad cercana al Parque Natural de Cabo de Gata en donde en los últimos días han aprecido en sus playas una serie de especies marinas poco frecuentes. Nos referimos a la "Blancallena", especie en extinción o a los revoltosos "Delprincipios", antecesores de los Delfines, por no citar al cangrejo de tina o al mas fuerte de los escualos, el llamado Triburón.
Junto a ellos se encontró un octopus chilensis, el pulpo que en vez de tentáculos tiene tentápotos, que señalaba con uno de ellos a una sirena de la familia de las "Ambulantias submarinas" que tomaba un refresco de algas en el bar del Puerto. La noticia corrió como reguero de corales por todos los titulares "la cabellorosa andante, dama de los andamios oceánicos recala en nuestras costas" "La preciada submarina de estrellas, de tez chocolate de maní entre las aguas minerales conversa con los marineros del puerto pesquero y dice no saber nada sobre la crisis del salmón, ni de la guerra de los crutáceos".
Desde San José para la edición de noche de "CuentosparaLaura Radiovisión" en directo para el mundo mundial Juan Brasileño Tartaruga, periodista certificado con nota."
La noticia anterior y la entrevista que el famoso periodista hizo a la sirena en el diario local constituyen dos interesantes piezas para la investigación del llamado brujicidio del Mediterráneo. Lean a continuación la copia literal de la entrevista
"Frente a mi, cruzada de cola de pescado, en el Café Acuario del Playazo se encuentra la sirena que dice llamarse Moniquita Pulpito Peceslargos, a la que, aunque me tiente no llamaré MPP
- Distinguida Moniquita, ¿Podría decirme que hace usted en esta concurrida playa? - He venido al Mediterráneo con mi abuelo para ver y escribir un cuento, que se trata de una sirena a la que un pulpo quería capturar, pero sus amigos la salvaron y sus hermanas también. - Me pierdo ¿Podría contarme cómo empezó todo? - Desde luego. Todo empezó cuando la sirena fue a pedirle a la bruja del mar que le pusiera unas piernas para ser mujer: "Quiero unas piernas para casarme con el príncipe", a lo que la bruja respondió "Pero para eso me tendrás que dar tu cola y tu voz", "¿Mi voz?", preguntó la sirena. - ¿Y se produjo el trato? - Se produjo, pero en ese momento apareció el pulpo chilensis y ya muda, como estaba, no pudo gritar y pedir socorro. El padre de la sirena Moniquita se enteró de lo sucedido y seguro de que era la traidora, mató a la bruja del mar, a quien se le cayó la caracola al suelo y eso logró devolver las cosas a su lugar.
- No logro seguir la historia, sin duda la profundidad abisal de los mares en los que ocurrió altera mi entender. - Es sencillo, cuando la caracola se cayó y se rompió en pedazos, Moniquita recuperó la voz y la cola Su padre le dijo "Te estaba viendo apenada, te oía llorar, por eso llegué con su trineo mágico y además de matar a esa bruja, convertí la roca en fuertes piernas y en un vestido brillante con perlas. Ahora yo mismo que te di la vida, cambiaré tu cola por estas piernas. - Ahora está clarísimo - Espere: entonces el principe, que se llamaba Eric, se decidió a casarse en el propio barco con la sirenita y fueron felices y comieron perdices. Este es el cuento
- Pero no entiendo ¿Su abuelo es sireno? -Si - ¿Cómo? ¿Qué tipo de sireno?
-Bueo, No, en realidad es un pulpito que juega conmigo a tirarme al agua, por eso mi apellido. aunque él realmente se llama Pulpo Vera Conchamarina. - Y, perdone la indiscrección ¿Para qué una sirena y un pulpo quieren escribir un cuento? - Para hacer fotocopias y convertirlo en pócima para que todas las brujas que se pasan por buenas, que son muchas sean desterradas para siempre al mundo de las brujas. Por eso en mi cuento a la bruja del mar la tiran al cementerio de brujas para siempre de los siempres. - ¿Y, cambiando de tema, le ha gustado este pueblo de España? - Sí es bonito, sus playas, sus cenas, sus helados, aunque hoy se me ha deshacido uno de chocolate y menta y he tenido que salir corriendo para que no se me mancharan las escamas, porque mi abuelo pulpo no quería entrar en los lavabos del bar, sino ir a las duchas de la playa. - ¿Ahora que vas a hacer? - Estoy preparada para ir a cenar con música antes de volver a mi casa marina. Voy con prisa, No me haga mas preguntas.
Algo brusca al final, veleta y sirena al fin, Moniquita Pulpito Peceslargos nos ha dado una pista nueva para el caso del brujicidio del Mediterráneo. Parece confirmarse que no hubo un suicidio de la bruja, producido por las dificultades para pagar la hipoteca de la escoba. Tampoco parece ser el resultado de una banda organizada del crimen. ¿Serán los cuentos fotocopiados armas de letal impacto en la Comunidad Aquelarre? Los próximos días son decisivos en la Investigación.
Juan B. Tartaruga. Periodista Certificado con Nota, al pié del arpón